Por Sergio Augusto Sánchez
En
la vida de Sanabria sólo existe una mujer. En este caso la persona en cuestión
no está para morirse, es de carne y hueso y de carga cromosómica XX. A la vista
de todos es una simple mortal, una del común, ni siquiera un pelo largo digno
de algunos versos, ni ojos azules como el mar. La mujer en la vida de Carlos
Sanabria tiene un corte a la altura de los hombros y anda siempre despeinada.
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No
habla de política precisamente porque no pretende ser interesante, es ella y
ya. Juega al fútbol mejor que sus amigos, como si un tipo como Carlos pudiera
tener más de uno, pero a pesar del fútbol esta mujer puede ponerse un vestido,
maquillarse y pretender ser toda una señorita. Le gusta reírse a carcajadas
cuando se imagina esa escena. Al escucharla, Sanabria ríe y se siente
enamorado.
Tiene
nombre, claro, pues todo en este mundo tiene un nombre y aquello que no se
puede nombrar ha dejado de importarle a la gente (curiosamente lo más preciado
es lo innombrable). A Carlos Sanabria no le gusta traer a colación el nombre de
su eterna enamorada, pues es de los que sinceramente creen que pueden desgastar
un significado. Ella lo significa todo, valga la aclaración.
En la vida de
Sanabria sólo existe una mujer, en la vida de ella no existe Carlos Sanabria.
Claro! no dice nombres porque no le conviene, en el momento que empiece a nombrar se le espantan las otras :P Mientras tanto, todas leen lo que Sánchez relata sobre SANABRIA y seguro se sienten aludidas... well played my friend!! :P
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