
"Al día siguiente no leyó nadie. Con un extraño sinsabor nos despertamos un viernes fin de semana y 18 de junio, como si la desgracia se pudiera palpar desde la lengua y es la lengua precisamente la que se ve golpeada para siempre, pues aunque Saramago escribiera en portugués, el amor que profesaba por Pilar del Río, su esposa y traductora, hace que su muerte enlute hoy también a la lengua española.
José Saramago se declaró ateo y comunista, pero ante todo un ser humano preocupado por sus pares; no existen títulos que lo definan salvo los de hombre sabio y escritor dedicado. Hoy viernes despertó la muerte enamorada, enamorada del escritor, necesitada de su compañía, de sus letras y de una respuesta de por qué amar tanto a una especie en la que se siguen matando unos con otros entre hermanos. La muerte tocó a su puerta a la hora del desayuno y sirvió de postre.
(Tomada de: http://www.gradesaver.com)
No lo sabemos pero pudo ser de este modo, Cuando Saramago terminó su desayuno, con dificultad se levantó de la cama y omitió ponerse las pantuflas, ayudado de su esposa como siempre en los últimos tiempos, se acercó a la ventana para ver por última vez el paisaje que se conocía de memoria, el de Lanzarote en su esplendor, y fue cuando entró por esa misma ventana, con un vuelo arrítmico pero letal, una mariposa negra que se posó sobre la almohada aún caliente del escritor, Pilar se hizo la de la vista gorda como si fuera tan fácil evitar con eso nada más el destino, Es un día igual a los demás, dijo Saramago y se sorprendió de no haber podido decir más cuando notó a una joven esperándolo afuera con una pequeña maleta a la orilla del camino, la joven intentaba gritar algo que ya no podía escuchar pero que de haber sabido leer los labios, él que era tan buen lector, habría entendido en boca de la joven, que no era otra que la muerte, la palabra José. Se despidió de Pilar que como siempre sucede en los momentos decisivos en los que hablar es la única alternativa para salvarnos, no tuvo palabras para despedirse de él, de modo que no le quedó de otra que mirarlo a los ojos, besarlo y abrazarlo fuertemente por un rato, que si bien no queda de ese gesto una frase célebre para la posteridad, logró como todas las mujeres hacer de algo sencillo, en apariencia poco, una experiencia inolvidable. José sonrió y descalzo como estaba bajó a encontrarse con la joven muerte que fue a buscarlo y no le dio tiempo ni de lavarse los dientes y mientras se perdía por el camino de la mano de su nuevo lazarillo, pensó en una frase que no pudo escribir y que para tristeza de todos jamás podremos leer.

(Tomada de: http://madeinshoreditch.co.uk)
Bucaramanga, 18 de junio de 2010"
(Un apunte del maestro Saramago, que sigue vigente)

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