Por Sergio Augusto Sánchez[1]
Todo comenzó en
la oficina 208 del Ministerio de Comunicaciones de nuestra pequeña ciudad gris.
La secretaria había bebido dos copas de más la noche anterior. El mensajero
entró a dejar un paquete: “Firme el recibido, por favor”. Ella firmó y le
devolvió la planilla al mensajero. “Me puso mal la fecha, hoy estamos a cinco
de julio, no a seis”. La mujer lo miró con ojos encendidos y dijo con sequedad:
“Hoy es seis de julio”. “¿Está segura?”. La secretaria terminó de fulminar al
mensajero con la mirada en un leve espacio de silencio y acabó por imponer su
verdad.
No es difícil que una mujer convenza
de algo a un tipo tan influenciable y falto de carácter como el mensajero de
nuestra historia. El problema es que nada se difunde más rápido que la
información del Ministerio de Comunicaciones, nada excepto un mensaje erróneo
como la fecha escrita en tinta negra sobre la planilla.
(La persistencia de la memoria, Salvador Dalí)
La secretaria continuó firmando los
papeles con la fecha del seis de julio en lugar del cinco, al igual que el
mensajero. El malentendido debió terminar allí, de no ser porque la secretaria
y el mensajero del Ministerio de Comunicaciones —de nuestra pequeña ciudad
gris— conocen a un número inimaginable de ciudadanos. Además, la cosa se hizo
meas grande debido a la falta de conciencia que el público en general tiene
acerca de las fechas calendario.
Por último, la información equívoca
llegó a oídos del Presidente de nuestro país insular. El primer mandatario
—quien no se cree todo lo que dicen en televisión— pensó en que de algo debía
servir esta confusión. De modo que cuando abrió un discurso con una línea más o
menos así: “Compatriotas, hoy seis de julio será un día para la historia…”, el
desacierto se hizo oficial, pasó a ser un acierto con la aprobación del poder
Ejecutivo en cabeza del señor Presidente. Todavía hoy, el cinco de julio
permanece en los archivos como el mejor día de su mandato, pues no se
registraron robos, asesinatos o casos de corrupción.
Time de Pink Floyd, una canción que siempre vale la pena escuchar
[1] Cuatro cuentos para cuatro días hábiles. En: III Antología
Concursos Universitarios Nacionales de Cuento Corto y Poesía. Bogotá:
Universidad Externado de Colombia, 2012, pp 215-20

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