sábado, 21 de septiembre de 2013

Traslación


Por Sergio Augusto Sánchez[1]

Todo comenzó en la oficina 208 del Ministerio de Comunicaciones de nuestra pequeña ciudad gris. La secretaria había bebido dos copas de más la noche anterior. El mensajero entró a dejar un paquete: “Firme el recibido, por favor”. Ella firmó y le devolvió la planilla al mensajero. “Me puso mal la fecha, hoy estamos a cinco de julio, no a seis”. La mujer lo miró con ojos encendidos y dijo con sequedad: “Hoy es seis de julio”. “¿Está segura?”. La secretaria terminó de fulminar al mensajero con la mirada en un leve espacio de silencio y acabó por imponer su verdad.
            No es difícil que una mujer convenza de algo a un tipo tan influenciable y falto de carácter como el mensajero de nuestra historia. El problema es que nada se difunde más rápido que la información del Ministerio de Comunicaciones, nada excepto un mensaje erróneo como la fecha escrita en tinta negra sobre la planilla.
(La persistencia de la memoria, Salvador Dalí)
            La secretaria continuó firmando los papeles con la fecha del seis de julio en lugar del cinco, al igual que el mensajero. El malentendido debió terminar allí, de no ser porque la secretaria y el mensajero del Ministerio de Comunicaciones —de nuestra pequeña ciudad gris— conocen a un número inimaginable de ciudadanos. Además, la cosa se hizo meas grande debido a la falta de conciencia que el público en general tiene acerca de las fechas calendario.
            Por último, la información equívoca llegó a oídos del Presidente de nuestro país insular. El primer mandatario —quien no se cree todo lo que dicen en televisión— pensó en que de algo debía servir esta confusión. De modo que cuando abrió un discurso con una línea más o menos así: “Compatriotas, hoy seis de julio será un día para la historia…”, el desacierto se hizo oficial, pasó a ser un acierto con la aprobación del poder Ejecutivo en cabeza del señor Presidente. Todavía hoy, el cinco de julio permanece en los archivos como el mejor día de su mandato, pues no se registraron robos, asesinatos o casos de corrupción.

Time de Pink Floyd, una canción que siempre vale la pena escuchar





[1] Cuatro cuentos para cuatro días hábiles. En: III Antología Concursos Universitarios Nacionales de Cuento Corto y Poesía. Bogotá: Universidad Externado de Colombia, 2012, pp 215-20

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