Por Sergio Augusto Sánchez
Yo tenía seis años,
mi primo Pocho diez o doce, pero en esta historia importa el abuelo que tenía
sesenta y dos, doble jubilación y un genio de los mil demonios que ha sabido
apaciguar en sus años de ternura. Estábamos en el pueblo, cuál no tiene tanta
importancia como decir que los cielos allá son mucho más azules que en
cualquier otra parte y que lo rodean montañas y abismos por todos los costados.
La señal de televisión llegaba con dificultad por ese entonces, era necesario envolver la antena con papel aluminio o cualquier cosa que se nos ocurriera para mejorar la recepción.
Interferencia
constante en la imagen, lluvia e intentos por perderse del todo. Veíamos jugar a
la selección Colombia en Italia. El partido era el último del grupo. Perdieron (luchando) contra Yugoslavia, le ganaron bien a Emiratos Árabes y, si no empataban este
partido o ganaban, los tendríamos de vuelta en Bogotá con el rabo entre las piernas.
Un sólo problema: este partido era contra Alemania (RFA), la de
Klinsmann, Illgner, Matthäus y Völler, dirigida por Franz Beckenbauer. Yo no
conocía a ninguno (tenía dos años cuando se jugó México 86, el mundial anterior), pero con esos nombres se
podía esperar cualquier cosa.
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| (Los dos seleccionados de ese año. Tomadas de rojadirecta.es) |
Y sucedió de todo en ese partido. Nunca había visto un arquero tan dedicado como Higuita. Al pobre tipo lo hacían esforzarse cada vez que la delantera germana rompía la confundida defensa colombiana. Los once colombianos no eran malos, pero tenían delante un equipo superior… ¡de lejos! La gente en la tribuna, en su mayoría alemanes u otros europeos (por esa época sólo un puñado de periodistas que no sabían inglés y hacían ridículos intentos por hablar en italiano; industriales; políticos corruptos; los ricos de siempre; y algunos narcotraficantes, tenían plata suficiente como para ir a Italia) esperaba pacientemente a que la liebre se cansara finalmente y fuera devorada por la jauría de lobos que la tenía acorralada.
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| (Perea observa como Klinsmann le entra con codo y rodilla al bueno de Higuita) |
Pero una sombra
se apoderó del estadio Giuseppe Meazza, el campo de Milán donde se jugaba el
partido. Littbarski, un mediocampista rompió velozmente la defensa colombiana,
se llevó arrastrado a un zaguero, el ‘Chontico’ Herrera (jugador que no le
llegaba a la altura del hombro al teutón), pateó de zurda y el balón entró al
arco por un ángulo imposible para René Higuita. El estadio se alzó en gritos,
“¡Mirad como los lobos han herido a la liebre!”. Littbarski celebraba con su
equipo y los locutores colombianos comenzaban con su eterno rosario de
diatribas y odas al fracaso. La tribuna de este circo romano (milanés para no
fallarle a los geógrafos) felicitaba a los gladiadores y se regocijaba en el
espectáculo sangriento. Era el minuto 43 del segundo tiempo.
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| SE BUSCA: Destructor de sueños. Tomada del Álbum Italia 90 de Carvajal y Panini |
Mi abuelo tenía
tensionados todos los músculos de la cara y en sus ojos azules se veía una ira
contenida, algo le iba a estallar. Se levantó sin decir palabra cuando en la tele
pasaban la repetición del gol de Littbarski. La selección estaba fuera y él
también. Caminó de la sala a su habitación. Portazo. No volvería a salir hasta
Navidad lo cual hacía todo más difícil porque estábamos en junio. No le
importaron los ruegos de mi primo y míos, nuestra estúpida esperanza infantil
que enervaba aún más a mi abuelo y sus 28 años sin saber de un mundial de
fútbol en el que se izara la bandera amarilla, azul y roja, esa que él también
defendió en sus años de uniforme. Ni mi primo ni yo nos atrevimos a sentarnos
en su mecedora. El partido continuó.
Esta historia continuará…






excelente la forma de evocar estos momentos que a todos nos hicieron vibrar, la perdida de esperanza total y falta la segunda la patada de freddy que vuelve como el ave fénix del pueblo colombiano a revivir esas esperanzas, ese grito desgarrador que nos dejo sin voz mucho tiempo- aun creo yo, poco hablamos de los problemas y esperanzas- pero que nos hizo anidar una esperanza.... como todo en Colombia si lo vemos es ciclico y desesperanzador.
ResponderEliminarexcelente, recordar esos momentos, la tristeza la desesperanza y luego un jubilo inmortal un estallido de alegria....casanova p.
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