Por Sergio Augusto Sánchez
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Esta historia habla de cómo en Colombia el consumidor es el
único que sufre en un contrato comercial. De cuando todo lo que puede salir mal
en un viaje aerotransportado, sale mal. Es la crónica de lo que pasó cuando
decidí viajar por Viva Colombia.
El trayecto Bogotá-Bucaramanga en avión es (o debería ser) uno de los más
rápidos y sencillos, una opción interesante para un viaje que por carretera
siempre fue peligroso debido al tráfico de vehículos de carga pesada y los
abismos del Cañón del Chicamocha. Compré un pasaje en VivaColombia, una
aerolínea con una flota de aviones Airbus que prometió sacarme de Bogotá a las 15:30
hrs y llevarme en una hora y pico a Bucaramanga. No sabía en lo que me estaba
metiendo.
La mañana de mi vuelo, un familiar muy querido me pidió el favor de que le llevara un paquete, de modo que llegué más temprano a pagar por la maleta extra. VivaColombia es una aerolínea de bajo presupuesto, de modo que el precio del equipaje costaba el doble pagando en el aeropuerto. La mujer que atendía el ‘counter’ no tenía vuelto para un billete de 50 mil, de modo que su primera idea fue hacer que yo, que venía cansado de un horrible viaje en Transmilenio por toda Bogotá, descambiara el billete “por ahí”. Debí suponer que a partir de ese momento, nada saldría bien.
El Nuevo Dorado no es mejor que el Viejo Dorado. Es un aeropuerto insuficiente para el tráfico nacional e internacional que maneja a lo largo del día. Deambulé un poco, compré un pastel, almorcé e incluso tuve tiempo para hojear libros malos en la librería. Faltaban dos horas para mi vuelo y en la pantalla anunciaban el vuelo FC8106 de VivaColombia en la puerta de embarque número 89. Me dirigí hacia allá.
En el filtro me quitaron un encendedor (no sabía que lo tenía en mi poder). A la basura. Me senté a escribir y cargar la batería del computador mientras se acercaba la hora. Así pasé un buen rato, interrumpido solo por familias chinas o gringas que necesitaban alguna indicación. Me quedé viendo las pantallas de la sala de espera y ahora mi vuelo, el FC8106 de VivaColombia estaba anunciado en la puerta 13 con el aviso de “Demorado”. Debía salir del ala oeste de ElDorado y dirigirme al ala este del mismo, una caminata de 300 metros. Mantenía una actitud positiva al respecto.
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| Mirar al techo, otra opción para pasar el tiempo |
Un
funcionario del aeropuerto no me quería dejar devolver. Me retuvo un rato hasta
que fuimos más de veinte pasajeros indignados. «Es que esa aerolínea es la
embarrada», fue la expresión del funcionario cuando le planteamos nuestro caso.
En ese momento comencé a dudar sobre mi viaje. Los pasajeros, en éxodo, caminamos
en medio de todas las tiendas del aeropuerto, bromeando acerca de nuestra
situación, pero esperanzados en llegar a nuestro destino final y dejar lo
sucedido como una anécdota de viaje.
No había funcionarios de VivaColombia en la puerta número 13 (acaso un presagio supersticioso ). Faltaba una hora para nuestro vuelo de las 15:30 y no quedaba otra que sentarse y esperar, pagar agua y comida a precios absurdos de aeropuerto y antojarse con el olor de las palomitas de maíz a precios de cine (que son igual de absurdos). Cuando faltaba media hora para el vuelo y en las pantallas ya decía que se demoraría una hora más. Llegaron dos funcionarias de la aerolínea a poner la cara. «Un ave se estrelló con uno de nuestros aviones y por eso su vuelo presenta un retraso de hora y veinte minutos. No se muevan de acá porque se harán anuncios sobre el vuelo».
Los martes, ni te
cases ni te embarques
Hagamos una
elipsis. A las 17:15 nos avisó la pantalla, antes que los funcionarios, que los
pasajeros debíamos ir a la puerta 13C. Una vez más, la comunidad del vuelo
FC8106 de VivaColombia, emprendió un nuevo camino a las puertas más olvidadas
del aeropuerto. Allí comenzaron a organizar a la gente. Adultos mayores y niños
de brazos primero. Resultó que había por lo menos 45 adultos mayores, como si
se tratara de una escena de la película Cocoon. Los subieron en un bus y
partieron. Luego, pasamos los que pagamos $5000 de más para poder subir en el
segundo grupo, en este caso a un bus que se llenó como si se tratara de un
Transmilenio en hora pico. Hasta que no dejaron subir a más nadie. «Listo. Solo
85, ya no pasan más». Fue lo que dijo la funcionaria de VivaColombia. Lo sé
porque la última en abordar al bus era amiga mía.
Iniciamos el recorrido. Esperábamos que se tratara de un tramo corto, de la puerta de embarque al sitio de parqueo del avión. Los más pesimistas dijeron que el bus saldría a la Avenida El Dorado, donde pararía, abriría las puertas y nos pedirían a todos que bajáramos y nos fuéramos para la casa sin mirar atrás. Otros de un humor más negro dijeron que el bus nos llevaría a un potrero alejado donde nos ajusticiarían para que no pudiéramos denunciar los atropellos de la aerolínea. Los más moderados dijeron que el bus nos llevaría a Bucaramanga directamente. El recorrido fue largo, pasamos por un túnel hacia Catam, la pista militar que utiliza el presidente de Colombia y sus altos mandos y los millonarios excéntricos y la “gente de bien” que al parecer no viaja ni en Lan ni en Avianca ni mucho menos en VivaColombia.
Iniciamos el recorrido. Esperábamos que se tratara de un tramo corto, de la puerta de embarque al sitio de parqueo del avión. Los más pesimistas dijeron que el bus saldría a la Avenida El Dorado, donde pararía, abriría las puertas y nos pedirían a todos que bajáramos y nos fuéramos para la casa sin mirar atrás. Otros de un humor más negro dijeron que el bus nos llevaría a un potrero alejado donde nos ajusticiarían para que no pudiéramos denunciar los atropellos de la aerolínea. Los más moderados dijeron que el bus nos llevaría a Bucaramanga directamente. El recorrido fue largo, pasamos por un túnel hacia Catam, la pista militar que utiliza el presidente de Colombia y sus altos mandos y los millonarios excéntricos y la “gente de bien” que al parecer no viaja ni en Lan ni en Avianca ni mucho menos en VivaColombia.
Llegamos a un hangar de la aerolínea Sarpa, una aerolínea de vuelos charter especializada en ambulancias aéreas. Una aerolínea que tiene una flotilla de avionetas, «No son avionetas, son aviones Jetstream, turbohélice, de fabricación europea», me corrigió una trabajadora de Sarpa, muy sonriente. Los adultos mayores no tuvieron problema en subir a las avionetas, de seguro estaban acostumbrados, algunos quizás habían viajado en zeppelín. Las personas entre los 40 y 60 titubearon, algunos decidieron, al final, no subirse a las avionetas. Yo, por mi parte, estaba acostumbrado al viaje Bucaramanga a Málaga en avionetas de Aerotaca y Tas, así que no le vi problema: entre una avioneta y el M86 de Transmilenio en hora pico.
Una solución, no la mejor, pero por lo menos llegaríamos a nuestro destino el día establecido, en un vehículo que no era el establecido y definitivamente no a la hora señalada. Abordamos una avioneta o “avión jetstream de fabricación europea con capacidad para 19 personas”, aproximadamente. Nos sentamos, estábamos listos y el piloto dijo «Bucaramanga está sin frecuencia, no tenemos contacto con la torre de control. Vamos a desabordar la aeronave y les van a dar una información en la oficina». Bajamos de la aeronave. La trabajadora sonriente de Sarpa obsequió café negro para unos y agua aromática para otros. Una tras otra, el día avanzaba en medio de molestias que ya eran tantas que ni valía la pena enfurecerse con alguien.
Veinte
minutos después volvimos a abordar. Despegaron, en fila, 4 avionetas de Sarpa
rumbo al aeropuerto internacional (pero con caídas de frecuencia) de Palonegro
en Bucaramanga. Llegamos pasadas las 19:00 horas. Un nuevo bus nos llevó a los
carruseles donde nadie de VivaColombia nos esperaba, tampoco las maletas de
bodega. Ambas, funcionaria y maletas, llegaron un tiempo después. Al final, el
único cálido recibimiento fue el del clima bumangués. Ni una disculpa, ni un
reembolso, ni una indemnización. Compré un pasaje en VivaColombia, una
aerolínea de bajo presupuesto con una flota de aviones Airbus que prometió
sacarme de Bogotá a las 15:30 hrs y llevarme en una hora y pico a
Bucaramanga. Tardé casi cuatro horas más
en llegar, en total me gasté el mismo tiempo que tarda un bus intermunicipal;
tuve que viajar en un avión jetstream
que se movió como si fuera una avioneta de papel cuando hubo turbulencia
llegando a Bucaramanga; y nadie, ningún funcionario de VivaColombia, se acercó
a ofrecerme algo para cenar o un abrazo reconfortante con un “Todo va a estar
bien”.

Me metieron gato por liebre, ahora se lo hago saber a VivaColombia vía Twitter, vía PQR en su página Web y con esta nota. Quiero mi dinero de vuelta, me siento estafado porque no me dieron lo que compré y porque luego me enteré que a los otros pasajeros que no subieron a avionetas, los llevaron a Bucaramanga en el Airbus por el que pagaron (tres hora más tarde) y además les dieron un tiquete de compensación a cualquier parte del país.

Me metieron gato por liebre, ahora se lo hago saber a VivaColombia vía Twitter, vía PQR en su página Web y con esta nota. Quiero mi dinero de vuelta, me siento estafado porque no me dieron lo que compré y porque luego me enteré que a los otros pasajeros que no subieron a avionetas, los llevaron a Bucaramanga en el Airbus por el que pagaron (tres hora más tarde) y además les dieron un tiquete de compensación a cualquier parte del país.
Pagué por queso y me dieron hueso y la Constitución de Colombia me permite quejarme hasta el cansancio. Esta nota solo es una parte de la queja formal que interpuse ante la AeroCivil y la Confederación Colombiana de Consumidores. Esta nota es la crónica del día en que me cansé de que una aerolínea, o cualquier otra empresa comercial, pisoteara mis derechos como consumidor. Invito a todo el mundo a que haga valer sus derechos.
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Interrumpo aquí las historias sobre la mudanza, porque la
coyuntura invita a la acción ciudadana.



Saludos, viajo por viva Colombia por primera vez este mes, de lima a Bogotá y después de Bogotá a Cartagena. Ojalá no pase por lo mismo. Hare escala de 8 horas en el aeropuerto de Bogotá... pienso que es demasiado, me recomiendas quedarme en un hotel o encontraré algún espacito para dormir en el aeropuerto? De otro lado, he leído que en la aerolínea no verifican el peso ni tamaño de tu equipaje de mano, es eso cierto?
ResponderEliminarSaludos, viajo por viva Colombia por primera vez este mes, de lima a Bogotá y después de Bogotá a Cartagena. Ojalá no pase por lo mismo. Hare escala de 8 horas en el aeropuerto de Bogotá... pienso que es demasiado, me recomiendas quedarme en un hotel o encontraré algún espacito para dormir en el aeropuerto? De otro lado, he leído que en la aerolínea no verifican el peso ni tamaño de tu equipaje de mano, es eso cierto?
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