Por Sergio Augusto Sánchez
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Debes meter toda tu vida en cajas de cartón y mudarte. Abres
la puerta de la habitación, exploras con una mirada el espacio, tus cosas, el
polvo sobre esas cosas, y la capacidad que tiene tu desorden para romper con
todas las leyes de la física. “Me encantan los trasteos”, hay gente tonta que
se atreve a afirmarlo con toda naturalidad.
Piensas que
la vida de un hombre se mide siempre en la habitación, en su desorden. Debe
realizarse un análisis cuantitativo y cualitativo del desorden para definir a
una persona… Quizás no sea un pensamiento errado del todo. Puedes ver los
estratos de lo que ha sido tu vida hasta el momento maldito en que te dijeron
que debías empacar e irte, como en una gráfica de corte en un libro de
geología: olvidos, recuerdos, desaciertos, objetivaciones del espíritu. Es
posible que (como en un cuento de Ricardo) encuentres a una persona, aún con
vida, debajo de una pila de ropa sucia, detrás de un baúl olvidado, o peor aún,
en una de esas cajas todavía sin abrir desde la última mudanza.
¿Cómo
pudiste acumular tantas cosas en tres años? Algunas importantes como los
libros, otras ridículas como una colección de corchos de aquellos vinos que
pasaron por tus entrañas en las noches de angustia, alegría, amistad o
cualquier otro pretexto que no necesariamente empiece por ‘a’. Otras cosas son
extraordinarias, como esa hoja de rosa que se le cayó a una violinista en el 17-7 La Esmeralda un sábado por la
noche; tarjetitas de locales comerciales con teléfonos de apenas seis dígitos;
recibos que pueden servir como prueba en un juicio contra tu tabaquismo o
alcoholismo; y boletas de cine para uno, para dos, luego otra vez para uno.
Desgarras
toda clase de papeles. Limpias e intentas no detenerte en cualquier servilleta
garabateada porque debes meter toda tu vida en cajas y no tienes para ello sino
un par de días. Haces montoncitos diferentes para tratar de organizar el
desorden. Llegas a esos papeles a los que no querías llegar. Lees. Lees porque
te obsesiona. Frases que posiblemente alguna vez fueron ciertas (es cierto que
dos veces al día son las cinco en punto). Te ataca la nostalgia, porque estuvo
escondida debajo de los escombros de esa vida que metes en cajas. Dejas caer
una lágrima y destapas una botella. El corcho puede dar inicio a una nueva colección
de corchos... O mejor no.
La idea de
prenderle fuego a todo es tentadora. ¿Cómo dormirá un hombre sin historia? Las
primeras cajas que llenaste estaban ordenadas milimétricamente. Las últimas se
llenaron casi a las patadas. Cinta por todas partes y un marcador de color
verde para ponerle nombre o número a cada una de ellas. Una última mirada al
closet: descubres un par de billetes en un escondite. Dinero para los días
lluviosos. Tu vida se reduce a cinco cajas de cartón, dos billetes, ocho bolsas
de basura que no caben por el ducto. Das un último respiro y maldices
mentalmente a esa gente que dice “Me encantan los trasteos”.

Espectacular. Yo también odio los trasteos o mudanzas. Sólo he tenido dos en mi vida y la primera vez tuve que dejar atrás todo. Pienso que uno con el tiempo se llena de objetos inútiles y no hay nada mejor q saberse libre de todas esas cosas sin sentido. Te sientes ligero y listo para empezar de nuevo. Ánimo mi escritor favorito. Desde la distancia te acompaño en esta nueva aventura. No se te olvide sonreir :)
ResponderEliminarLa primera frase resume un gran porcentaje de mi vida. Cuanto, pero cuanto odio los trasteos. Pero aqui estoy, otra vez, reuniendo cajas con 3 meses de anticipación con la esperanza de que esta vez el caos no me golpee tanto :(
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