Por Sergio Augusto Sánchez
Despertó
del sueño programado y le fue difícil ubicarse en tiempo y espacio; el gas
tranquilizante le ayudó a no entrar en pánico. Controló la respiración hasta
que se sintió seguro y pudo activar la puerta de su sarcófago; el cristal se
deslizó con un ruido hidráulico. Dio un paso afuera y se desmayó porque no
soportó el dolor de sus músculos entumecidos por la siesta de cien años en el
conteo normal del tiempo solar.






